Daily Blog Japón: días 6 y 7 (Kyoto)

Como ya os anuncié en mi Instagram, en esta ocasión he decidido juntaros los dos últimos días de mi viaje a Japón, que son los que pase en Kyoto, en un solo post ¿Por qué? Pues porque entre la vuelta, el jetlag y el poco tiempo que me queda, quería empaparme al máximo de todo y luego escribirlo una vez en el estudio. Son las 4 de la mañana, tengo jetlag y aquí estoy, pero feliz. ¿Me acompañáis? ¡Empezamos!

Día 6 

Me despierto en Takayama, pero toca irse a la última parada de mi viaje a Japón: Kyoto. Un transfer nos lleva desde allí a la estación durante una hora y media. La verdad es que, normalmente, no suelo disfrutar demasiado de los viajes en coche, pero este es distinto por el hecho que puedo aprovechar para ver el paisaje y aprender más de este país. Me da la sensación que todo lo que veo no es suficiente, supongo porque quiero aprovechar al máximo el tiempo.

A eso de las 12 y media cogemos el tren y una hora después, y un transbordo, llegamos a Kyoto. A continuación, vamos al hotel Four Seasons que tiene dentro un jardín de hace 800 años con una casa de té en el centro transformada en pequeño bar, y aprovechamos para descansar un rato y comer algo antes de acudir al lobby sobre las 17:30 para encontrarnos con nuestro guía. Él nos propone una ruta por el barrio de las Geishas, algo que me apetece muchísimo porque creo que es una tradición fascinante de la cultura oriental.

Así que salimos del hotel y nos embarcamos en esta nueva aventura. El barrio de Gion, también conocido como el barrio de las Geishas, aunque ellos prefieren llamarlas Geikos, es uno de los más conocidos en todo Japón. Lo que poca gente sabe es que en realidad este barrio abarca dos distintos: por un lado, encontramos el más pequeño de ambos llamado Gion Higashi y por otro el más grande y conocido; Gion Kobu. Esta división se hizo en 1949 y además antes los barrios tenían otro nombre. En ambos encontramos las famosas casas del té en las que trabajan maikos (aprendices de Geisha) y Geikos (Geishas) por lo que es muy probable cruzarse con ellas por la calle si paseas por allí.

Durante nuestra visita disfrutamos de un agradable paseo por el barrio: Visitamos una casa de té, el templo de Yakasa, compramos dulces en una tienda tradicional y me fasciné con las telas que vendían en un puesto. Os prometo que me tuve que controlar mucho y no comprar varios metros para hacer los esmoquins de la nueva colección de Avellaneda. Siempre intento que los diseños, a pesar de mantener nuestro sello mediterráneo, tengan una inspiración asiática y me volví loco porque son telas imposibles de encontrar en Europa. Ya os contaré más adelante como afectó este tema al sobrepeso de mis maletas…porque acabé comprando un Obi (cinturón de Geiko) antiguo para hacerme un esmoquin con un tejido antiguo de hace 50 años.

La verdad es que este barrio me fascinó porque parece que hubiéramos retrocedido en el tiempo. Pero aquí no se acabaron las sorpresas, sino que el guía nos había preparado una cena tradicional en la que estaríamos acompañados por una Maiko y una Geisha. Fue realmente impresionante (creo que esta es la palabra más repetida en estos posts). Los platos eran una selección de cosas típicas de la gastronomía japonesa y la Maiko y la Geisha nos iban explicando (ok, lo acepto, las interrogué ) cosas sobre su cultura y nos ofrecieron una actuación con un baile típico.

Después de esta experiencia tan estetica volvemos al hotel y me duermo en un instante. Creo que cada día estoy agotado no solo físicamente sino emocionalmente porque estoy viviendo experiencias tan distintas que no salgo de mi asombro a medida que pasan los días y de tantos inputs visuales.

Día 7

Hoy es mi último día en Japón por lo que tengo una especia de pena. Pero como dice la canción “todas las cosas buenas llegan a su fin”, así que hoy toca aprovechar al máximo de Kyoto. A las nueve de la mañana empieza nuestro tour por la ciudad y pedimos ver lo máximo posible. Visito el Castillo de Nijo, que, si por fuera sus jardines son impresionantes, sus pinturas en el interior son fascinantes.

También vamos al templo dorado (kinkaku-ji). Es fascinante ver como el templo está en medio del agua y cómo su dorado se refleja en ella. Después de visitarlo, nos colamos en un restaurante local a comer Ramen, un plato de fideos típico japonés similar a la sopa. Este pequeño restaurante estaba al lado del Templo Ryonaji, conocido por sus jardines zen.

Por la tarde visité el templo Kiyomizu-dera, con la siguiente foto os podéis hacer una idea de como era estar ahí.

Cuando volvemos al hotel estamos agotados de tanta actividad, pero vamos a cenar a uno de los restaurantes del hotel, la Brasserie que tiene vistas al jardín e intentamos disfrutar de la última cena en Japón. Después hacer la maleta me voy a dormir intentando digerir todas las experiencias vividas estos días.

Día 8

Al día siguiente me despierto a las 5, desayuno y antes de poner rumbo al aeropuerto me escapo a ver el lugar más impresionante que he visto, el Fushimi Inari-taisha. El santuario se encuentra situado en la base de una montaña también conocida como “Inari”, que incluye varios senderos para llegar a otros santuarios más pequeños.

También nos do tiempo de visitar el Sanjusangedo, el templo de los 1001 budas. El nombre del templo literalmente se traduce por edificio con treinta y tres espacios, que hace referencia a los exactamente treinta y tres espacios que separan las columnas que mantienen el templo en pie.

Luego tenemos que volver corriendo al hotel recogemos maletas y vamos a Osaka porque el aeropuerto está allí. Obviamente tengo sobrepeso en mi equipaje (si ya lo tenía a la ida, imaginaos a la vuelta con las cosas que he comprado), pero la gente aquí es tan amable que no me ponen demasiadas pegas. La verdad es que me da bastante pena irme, pero estos días, aparte de haber cumplido mi sueño de ir a Japón, me han ido genial para descansar e intentar desconectar un poco (aunque he estado todos los días conectados con mi equipo y escribiendo estos posts). Pero sobretodo destacaría el hecho que me llevo un montón de inputs de inspiración: desde la gente, la arquitectura, las gamas cromáticas y por supuesto su vestimenta. Os sorprenderíais de la cantidad de cosas que he fotografiado con mi móvil para posibles futuras inspiraciones de diseños, incluso he comprado libros de packaging y de indumentaria japonesa tradicional…

Así que, como conclusión, decir que si tenéis la oportunidad haced que vuestra mirada viaje. Naturalmente no estoy diciendo que os vayáis a la otra punta del mundo, pero cambiar de escenario, aunque solo sea a una hora en coche de donde vivimos, es súper beneficioso para nuestra mente y volveréis con energías renovadas para afrontar todos los retos que se os presenten.

Espero sinceramente que hayáis disfrutado de estos posts, espero en breve tener otros viajes que os pueda contar.

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